Es imposible imaginar un armario al que le falte una hoodie en su colección de básicos, y es que lo que hoy consideramos la pieza más democrática y replicada del gabinete global, tuvo un origen puramente práctico y técnico. No nació en una pasarela, ni como una declaración de moda urbana; la hoodie fue una invención de Champion. En su génesis, la marca diseñó una solución de ingeniería textil para los inviernos más crudos de la industria neoyorquina, transformando para siempre la funcionalidad del diseño contemporáneo.
Diseño de alto rendimiento
Imagina estar rodeado de ventiscas heladas y climas extremos que queman y congelan la piel; una situación por la que pasaron los trabajadores de principios de la década de 1930 en los almacenes y frigoríficos de la Costa Este de Nueva York. En ese escenario de supervivencia laboral, poco más de diez años después de su fundación en Rochester, Champion —quien en aquel momento era conocida como Knickerbocker Knitting Company— identificó un vacío crítico que afectaba la productividad.
Al ir directamente con entrenadores y atletas para entender sus necesidades, la marca comprendió que hacía falta una prenda técnica de «sideline» que gestionara la temperatura corporal sin restringir el movimiento, protegiendo al usuario tanto en las jornadas de carga bajo cero como en las pausas de alta intensidad en el campo.

Alejada de un boceto de pasarela y sin pensar en crear tendencia, la respuesta de la compañía para solucionar este problema fue tan pragmática como brillante: añadir una capucha a la sudadera de algodón de alto gramaje para retener el calor craneal, el punto más crítico de pérdida térmica.
Sin pensar en primera instancia en la estética y en lo que posteriormente se convertiría, la emblemática hoodie surgió como un diseño funcional que permitía, incluso, ser una herramienta de trabajo: una pieza donde cada fibra respondía a una necesidad de protección ante el clima extremo y a la consigna de mantener la operatividad en el límite de la resistencia humana.
El «Reverse Weave»: La arquitectura de la durabilidad
Ante el uso frecuente de esta prenda que solucionó los problemas climáticos de la época, surgieron otras situaciones a resolver, ya que en la década de 1930 el algodón tenía un enemigo natural: el lavado. Entonces, ¿cómo hacer que esta herramienta fuese efectiva con el tiempo para hacerla duradera? Las sudaderas de la época se encogían de forma vertical, perdiendo su estructura y convirtiéndose en piezas inservibles tras pocos ciclos de uso. Para los trabajadores de los frigoríficos y los equipos universitarios, esto no era solo un problema de estética, sino de una pérdida crítica de equipo y presupuesto.

Consciente de esta problemática, Champion presentó en 1934 la solución técnica definitiva que hoy ha convertido a la hoodie en un objeto de culto: el Reverse Weave. Una patente cuya ingeniería consistió en cambiar la orientación de la fibra, cortando el tejido de forma transversal en lugar de vertical para que, al girar el eje de la tela, el encogimiento se produjera de manera horizontal, manteniendo la longitud y la caída original de la prenda más que por años: por décadas.
Esta arquitectura se completó con la integración de paneles laterales elásticos, permitiendo una libertad de movimiento que el tejido rígido de la competencia no podía ofrecer. Así, lo que nació para evitar el desperdicio textil en las lavanderías industriales, terminó por definir el estándar de calidad de lo que hoy conocemos como premium basics.
Un icono en la colección permanente del MoMa
El impacto cultural de esta pieza trascendió las fábricas y las calles hasta consolidarse como una obra maestra del diseño moderno, motivo por el que en 2017, el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York incluyó la silueta de Champion en su exposición “Items: Is Fashion Modern?”. En esta curaduría de 111 artículos que transformaron el mundo, el museo reconoció a la hoodie no solo como una prenda, sino como un estándar de ingeniería. Tras el éxito de la muestra, la institución integró la pieza a su colección permanente, elevando este diseño funcional al mismo estatus que las obras de arte más influyentes del siglo XX.
De ingeniería textil a la pasarela de alto rendimiento
Con el paso del tiempo, la hoodie dejó de ser una prenda exclusiva para trabajar y se convirtió en el lenguaje de la moda actual y en pieza de culto.
Diseñadores de la talla de Virgil Abloh, Rick Owens o firmas como Supreme y Vetements, han recurrido históricamente a la silueta y al tejido Reverse Weave como la base técnica para sus visiones de lujo.
Actualmente ese legado de autenticidad se mantiene vivo a través de figuras que representan la excelencia física y la disciplina. Embajadores actuales como Tom Aspinall, campeón de la UFC, cierran el círculo de esta evolución. Para un atleta de su calibre, donde cada detalle de la preparación cuenta, la hoodie vuelve a ser una pieza de equipo técnica enfocada en optimizar el rendimiento del adeportista mientras viste bien.

Al igual que aquellos trabajadores neoyorquinos, Aspinall confía en una arquitectura textil que no cede ante el esfuerzo, confirmando que lo que nació como una solución funcional no tiene fecha de caducidad. Un siglo después, la patente de Champion sigue siendo la armadura de quienes se enfrentan a los límites de la resistencia, ya sea en un muelle helado de 1930 o en el centro del octágono en 2026.
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THE DATA
MARCA ORIGINAL: Knickerbocker Knitting Company (Rochester, NY)
AÑO DE INVENCIÓN: Primera sudadera con capucha integrada (hoodie)
PATENTE CLAVE: Revears Weave (Tejido inverso)
REGISTRO DE PATENTE: (Solicitado en 1934, concedido oficialmente en 1952)
INNOVACIÓN ESTRUCTURAL: Grano de la tela transversal + Paneles laterales elásticos
PROPÓSITO ORIGINAL: Protección térmica para trabajadores de frigoríficos y atletas.
GRAMAJE ESTÁNDAR: Algodón pesado de 12 oz (el estándar de durabilidad)



