Imagina que eres un personaje creado por el escritor Haruki Murakami. Vagarías solitario por las calles de Tokio mientras a lo lejos se escucha una vieja melodía de jazz y los recuerdos se disuelven poco a poco como el vapor del café.
En las novelas de Haruki Murakami, el desayuno no es solo un ritual cotidiano, es una coreografía íntima entre la melancolía, la soledad y el confort silencioso. Los personajes de Murakami no buscan desayunos opulentos, sino pequeños refugios contra el vacío del mundo moderno. Hoy nos sumergimos en su universo para imaginar: ¿qué desayunaría un personaje de Murakami? ¿cuál es el papel que juega la comida en la literatura que crea?
Murakami no solo escribe sobre jazz, gatos y realidades que se doblan y desdoblan como un pedazo de origami viejo. También escribe sobre desayunos, y lo hace con una precisión que abre el apetito literario. Su universo narrativo ha sido traducido a más de 50 idiomas, y puedes conocer más de sus escenas cotidianas en su biografía oficial en Penguin Random House. Por ejemplo, en sus escenas cotidianas es frecuente encontrar menús en los que se incluye pan tostado grueso, huevo cocido (aquí te explicamos cómo hacerlo perfecto), café negro y sopa miso; ingredientes que conviven en la misma mesa que la soledad, la rutina y la melancolía. Es allí, entre bocado y bocado, donde el autor japonés convierte lo cotidiano en poesía. Y donde la comida en la literatura se transforma en ritual.

El desayuno en la literatura japonesa
La comida ocupa un lugar especial en la literatura japonesa, esta valora el equilibrio y el minimalismo y no solo alimenta a los personajes: los define, los ancla al tiempo, los conecta con lo emocional. Desde las historias íntimas de Banana Yoshimoto, hasta los momentos contemplativos de Yasunari Kawabata, el desayuno, más que una comida, se convierte en una atmósfera envolvente y en un vínculo íntimo y personal.
Murakami y el ritual del desayuno
En el universo murakamiano, los personajes desayunan como si se tratara de un acto de resistencia frente al caos. De este modo, se trata del único momento en donde todo parece tener sentido, pues la comida aparece como un gesto íntimo de conexión: con la naturaleza, con las memorias de un hogar lejano, con uno mismo. Y Murakami, aunque cosmopolita, no escapa de esta herencia que le confiere a la comida en su literatura una detallada declaración de existencia, en donde hervir un huevo, preparar una tostada con mermelada o colar el café, se convierten en pequeñas victorias frente a un mundo frío que parece desmoronarse.
En novelas como Tokio Blues o Kafka en la orilla , los desayunos son pausas silenciosas que conectan los fragmentos de la vida de los personajes. Y es así que platillos tan simples como unas tostadas gruesas con mantequilla y mermelada o un café negro preparado con filtro de papel, son destellos de alegría que evitan que los personajes se hundan en ambientes solitarios e inexplicables.
¿Qué desayunaría un personaje de Murakami hoy?
Imaginemos la escena: una cocina minimalista, un gato duerme en el alféizar, suena Bill Evans en Spotify. El personaje se sirve:
Café negro y tostadas sencillas
- Tostadas ligeramente quemadas.
- Café negro, amargo, sin adornos ni complementos.
- Un libro abierto a medio leer en la mesa.
En consecuencia, esto es un acto simbólico que representa a la rutina y la soledad.
Huevos hervidos y ensaladas minimalistas
- Un huevo hervido al punto exacto.
- Ensalada de rúcula y rábanos frescos.
- Una pequeña porción de arroz blanco.

Además esto es un acto simbólico que representa la frescura y el orden interior.
Onigiris y sopas ligeras para comenzar el día
- Onigiris de umeboshi o salmón.
- Sopa miso de algas y tofu suave.
También es un acto simbólico que representa tradición sencilla y anclaje emocional.

Simples hot cakes (o panqueques) y jazz de fondo
- Panqueques esponjosos, casi infantiles.
- Un disco de Chet Baker sonando.
Por lo tanto es otro acto simbólico que representa la nostalgia y la dulzura aislada.

Y entonces, el menú perfecto de un típico personaje de Haruki Murakami sería:
- Un onigiri de umeboshi
- Un bol de sopa miso humeante
- Un huevo perfectamente cocido
- Café negro en taza blanca
- Una tostada con mantequilla salada, al estilo europeo
Todo servido en loza blanca sobre una mesa de madera clara. Nada sobra. Nada falta. Aquí, la comida en la literatura también es un diseño emocional, y mientras imaginas cómo la gastronomía y la cultura pop se cruzan, puedes explorarlo en el vino de Snoop Dogg inspirado en Tupac o en el whiskey oficial de Peaky Blinders.
La importancia de la comida en la literatura contemporánea
Pero Murakami no está solo. La literatura contemporánea está llena de escenas culinarias que hacen del alimento una extensión de la identidad. Por ejemplo, en Cuchara y memoria: La cartografía sentimental del escritor Benito Taibo, se exploran memorias y rituales gastronómicos que conectan la cocina con la educación sentimental, los viajes y la memoria gustativa, de manera muy similar a los desayunos contemplativos de los personajes murakamianos.
Escritores como Sally Rooney hablan del vino entre silencios; Ferrante escribe sobre la importancia de la pasta en la cocina napolitana y Proust sobre una magdalena sumergida en té… Incluso la gastronomía se cruza con la cultura pop moderna, como cuando el chef José Andrés entra al universo de Marvel con Spider-Man: Meals to Astonish #1. Porque la comida, cuando se escribe o se representa bien, es una forma de narrar el deseo, la pérdida o la memoria.
Desayunar como un personaje de Murakami: ¿escape o ritual?
Como sea, Murakami convierte el desayuno en una declaración de estilo. En su literatura, el acto de comer es una forma de resistir el sinsentido. Una forma de estar, de sentir, de recordar.
Y tú, ¿qué desayunarías si fueras uno de sus personajes literarios?



