Bal Harbour reafirma su estatus como el hotspot donde la técnica internacional y la exclusividad encuentran su escenario más sofisticado. Durante la celebración del South Beach Wine & Food Festival), el destino eleva la apuesta sensorial con dos experiencias que definen su ADN culinario: una oda a la precisión japonesa y un tributo al fuego italiano.
Makoto: La estética del Sol Naciente
El chef Makoto Okuwa —referente absoluto de las técnicas del sushi moderno— será el anfitrión en una de las cenas especiales dentro de Makoto Bal Harbour, un templo del sabor donde la estética y la precisión nipona conviven con un equilibrio quirúrgico.

El menú de varios tiempos consiste en una exhibición de maestría técnica en la parrilla robata, integrada con una experiencia de maridaje de etiquetas globales. La sofisticación aquí reside en la pureza del corte. Para elevar la experiencia, la curaduría de la cava apuesta por un diálogo entre Sakes premium de perfil Junmai Daiginjo y blancos de alta acidez, donde la mineralidad y las notas cítricas logran sostener el complejo perfil del umami japonés en el entorno cosmopolita de Bal Harbour Shops.
BH Prime: El factor Cecchini

La elegancia del St. Regis Bal Harbour recibirá esta temporada a la leyenda de la carne en la Toscana: Dario Cecchini, quien junto al chef Adrian Colameco, propone un retorno radical al origen. Entre fogones y brasas, BH Prime se convertirá en el escenario de una cena que rinde culto a la maestría carnicera y al producto honesto.
Como es de esperarse en un encuentro de este calibre, el maridaje está diseñado para el vigor. La selección se inclina por la estructura de los Brunellos de Montalcino y la opulencia de las etiquetas de culto de Napa Valley, esenciales para escoltar el carácter de las brasas y la intensidad de los cortes que han definido la trayectoria de Cecchini.

Durante el SOBEWFF, Bal Harbour se consolida como el punto de encuentro para quienes entienden que la alta cocina es, ante todo, una cuestión de carácter, rigor técnico y experiencias, una visión que también exploramos desde recorridos urbanos como Descifrar la colonia Roma en cuatro bocados, donde la identidad gastronómica se construye desde el territorio y la cercanía.



