Crónica de un maridaje entre habanos y tequila Centinela en Spirit Rooms, Condesa CDMx. Vaso con habanos.

Cómo se marida un Habano con tequila: crónica de una experiencia sensorial en CDMX

Hay algo de místico y ritual cuando se marida el agave con el tabaco; un encuentro que exhibe el equilibrio entre el rigor del terroir cubano y la complejidad ancestral del suelo mexicano.

Esa fue la premisa de una experiencia íntima en Spirit Rooms, donde el tequila Centinela y los Habanos Cohiba se encontraron en una sesión guiada de coctelería y maridaje sensorial en la Ciudad de México.

Una noche de coctelería y Habanos en Spirit Rooms Condesa

Me detuve frente al portón negro de un edificio departamental estilo Art Déco ubicado en el 430 de la calle Campeche, en la colonia Condesa. Subí los cuatro pisos de una larga escalera de mosaico de pasta alfombrada hasta encontrar un pequeño pasillo exterior que me llevó hacia una puerta de madera. Detrás de ella se oculta las Sala de los Espíritus (Spirit Rooms), una casa de experiencias —que recuerda a otros espacios sensoriales de la colonia, como Shhh Listening Bar, donde el sonido, la coctelería y la atmósfera también se convierten en protagonistas— rodeada por texturas cálidas cuya larga barra de madera, revela una cuidada curaduría de destilados y espirituosas artesanales de México y el mundo.

Noche de maridaje entre cócteles con tequila y habanos en Spirit Rooms, Condesa, CDMX.
Fotografía: Ashers y Habanos México.

Allí, inmersos en una atmósfera de luz tenue —sofisticada y oscura— tomé asiento para descubrir poco a poco una historia de maridaje entre dos patrimonios compartidos: el de la hoja del tabaco cubano y el agave mexicano; un encuentro de terruños entre Cuba y México cuya narrativa sensorial fue sutil y profundamente evocadora.

Cuando el ritual comienza: maridaje entre Habanos y tequila

Sobre la mesa descansan los Habanos Cohiba y tres copas tequileras, cada una destinada a descubrir las bondades de cada clase de tequila Centenario acorde a su tiempo de maduración en barrica.

Las notas de jazz que desprendían las bocinas del lugar acompañaron perfectamente el ritual previo del encendido: un momento de paciencia y precisión técnica que enaltece y respeta el proceso de manufactura de un Habano Cohiba, cuyo carácter —marcado por su sello de origen— destaca por una tercera fermentación en la que el tabaco reposa, transpira y termina de soltar cualquier rastro de amargor.

Encender un Habano correctamente no es un proceso inmediato: con la mano izquierda tomé el Habano entre mis dedos índice y medio mientras con la mano derecha sostuve la guillotina con la que corté una fina rebanada de aproximadamente 2 o 3 mm del gorro o perilla (la parte cerrada por donde se fuma).

Encendido de un habano Cohiba con cerillo de madera durante experiencia de maridaje de Habano con tequila Centenario en Spirit Rooms, Condesa, Ciudad de México.
Fotografía: Ashers y Habanos México.

Tomé los cerillos largos de madera de cedro para encender poco a poco el Habano, calentando el pie a unos 45 grados de inclinación mientras giraba el borde hasta verlo incandescente. Di entonces caladas suaves para atraer el fuego hacia el centro y descubrir su fortaleza: una complejidad cremosa, intensa y especiada, lista para conectar con las notas de cata del tequila.

Mientras el Habano adquiere vida, la atmósfera se llena de una densa nube blanquecina que desprende olores a cedro, tierra y especias, un aroma que prepara los sentidos para luego, explorar el sabor del Habano en el paladar mientras se inunda de notas cremosas y complejas a chocolate, café y especias.

Entender la evolución del Habano después del encendido

De pronto, la voz del sommelier de Habanos nos instó a no inhalar o “dar el golpe” al Habano como se hace con un cigarrillo. Estos Habanos son densos y alcalinos, diseñados para saborearse en el paladar.

Entendimos entonces que la clave no reside en un solo trago, sino en la evolución del tabaco: un Cohiba Siglo VI se divide tradicionalmente en tres tercios y, para cada uno, el tequila ofrece un matiz distinto que potencia sus notas a tierra, madera y especias, creando un diálogo preciso entre humo y destilado.

Maridaje de un Habano con tequila: cómo evoluciona cada tercio

Al fumar el Habano, cada tercio va adquiriendo un sabor muy peculiar que se complementa con la intensidad del tequila Centinela, un destilado de una casa con más de 120 años de existencia en Arandas, Jalisco.

Coctelería especial para la experiencia de maridaje entre habano y tequila en Spirit Rooms, Condesa, CDMX.
Fotografía:Ashers Habanos México.

Tomo entre mis manos el Habano, dispuesta a entender las ventajas de este primer tercio: sus notas aunque complejas, desprenden una textura suave y elegante, inicialmente florales, lo que permite «abrir» el paladar y despertarlo para entender las sensaciones y los sabores sin saturar. Luego, al probar el tequila blanco entiendes ese juego de texturas y frescura que aportan el agave joven y el primer tercio del tabaco.

Luego, en el segundo tercio se logra un equilibrio entre tabaco y tequila reposado. A mitad del recorrido, el Habano evoluciona. Gana cuerpo, profundidad y carácter. Las notas se vuelven más especiadas y mucho más envolventes. Frescura y complejidad se aprecian en esta etapa, en la que las notas de barrica del tequila reposado acompañan la evolución del humo.

El tercer tercio del Habano es el más profundo, intenso y sofisticado ya que alcanza su máxima expresión al liberar una riqueza aromática envolvente y aceites esenciales. Para este cierre lo ideal es maridarlo con un cóctel robusto como el Tequila Old Fashioned, donde la complejidad del destilado eleva los sabores.

Conforme avanza la noche, el humo se disipa lentamente entre notas especiadas. Las conversaciones fluyen y en el paladar aparecen finos destellos de agave y ahumado, recordándonos que no existe una fórmula rígida cuando se habla de maridaje. Más que una simple degustación, la experiencia permitió entender cómo se marida correctamente un Habano con tequila, respetando la evolución del tabaco y la estructura del destilado: una sinfonía de sabores que revela una unión entre tiempos, territorios y sentidos.